LA CREATIVIDAD GRÁFICA EN EL CINE

Wednesday, September 06, 2006

El papel del diseñador gráfico está yendo más allá de la elaboración del cartel y el material promocional de la película. Poco a poco, la industria cinematográfica se va dando cuenta de que los títulos de crédito no son un simple listado de nombres de actores, técnicos, productores y directores. Y la mejor manera de que el público que acude a las salas de cine sepa quiénes son esos profesionales y qué función han realizado es presentarlos de una manera creativa, atractiva y motivadora que haga que el espectador se introduzca en la película desde el primer hasta el último segundo.
Esto requiere la intervención profesional de un diseñador gráfico como experto en presentación visual y tipográfica, asesorado por un equipo de producción audiovisual, ya que tradicionalmente el campo de acción de los diseñadores ha sido la planificación de imágenes y tipos en soportes fijos como libros, revistas, periódicos, carteles, etc. La progresiva especialización de los diseñadores en soportes web y multimedia, donde tienen que trabajar tanto en el espacio como el tiempo junto al movimiento, ha facilitado que estos profesionales sean los expertos más cualificados para desarrollar con éxito los títulos de crédito. A esto hay que añadirle su dominio en un elemento visual y textual de una gran potencia expresiva que los profesionales del cine no tienen y que, en muchas ocasiones, no recibe un tratamiento adecuado: la Tipografía. La tendencia general hasta hace unos años era plantearse los títulos de crédito en la etapa de postproducción y no desde el inicio del proyecto fílmico, dando más importancia a la imagen que al texto, sin aprovechar las relaciones creativas de ambos. Consistía simplemente en la superposición del texto sobre la imagen en los créditos iniciales y en una eterna lista de nombres en texto blanco sobre fondo negro en un tamaño ilegible y presentada a una velocidad que impedía su correcta lectura en los créditos finales.En la actualidad se está prestando una mayor atención en los títulos de crédito, llegando incluso a ser de mayor calidad que la propia película.

El soporte cinematográfico multiplica las características expresivas de la letras rompiendo las barreras del estatismo y las restricciones espacio-temporales a las que ha estado sometida tradicionalmente la Tipografía. En los títulos de crédito, se convierte en la actriz principal, en la protagonista de la historia junto a la imagen fija o en movimiento: cobra vida, se personifica, adquiere cualidades humanas, baila al son de la música, se mueve por la pantalla... En definitiva, transmite sentimientos y emociones relacionados con el argumento de la película, más allá de la información que nos proporciona como texto.

la secuencia de títulos se puede considerar como un pequeño discurso con entidad propia y significados relacionados, pero independientes a la película que intenta persuadir a los espectadores, podemos comprobar como desarrollan sus argumentos para convencer a la manera que apuntaba Aristóteles:

* Lógica (logos): los títulos de crédito constituyen un mensaje persuasivo construido mediante distintos textos: imágenes, palabras y sonidos. Estos signos visuales, tipográficos y musicales procedentes de diferentes tipos de códigos y lenguajes constituyen un discurso comprensible y lógico que el espectador descifra y entiende de forma simultánea. Se convierten en una extensión lógica que apoya al film y que puede llegar a tener un significado independiente que prepara al espectador para lo que viene.
* Ética (ethos): una de sus funciones principales es acreditar y dejar constancia de todos los profesionales de todas las áreas que participan en el largometraje o cortometraje. El reconocido prestigio de algunos actores o del propio director es aprovechado como gancho publicitario para el público acuda a las salas de proyección. Muchos espectadores se basan en la reputación de algunos profesionales del mundo del cine a la hora de tomar la decisión ver una película u otra.
* Emoción (pathos): la creación de estas piezas se basa también en criterios estéticos y perceptivos cuya finalidad es motivar apelando a los sentimientos y las emociones. El uso del color, la confluencia de diversos códigos audiovisuales y, sobre todo, una utilización creativa del movimiento mediante la animación hacen posible que los títulos de crédito tengan una poderosa fuerza de atracción.

En las primeras películas de cine mudo, los créditos eran simples carteles en los que se rotulaban a mano o mediante impresión tipográfica el título, el reparto y algunos diálogos de vital importancia para el seguimiento de la trama narrativa. Estos carteles se realizaban sobre cartulinas o tablas de color negro en las que se dibujaba las letras mediante pinceles o plumillas en color blanco para mejorar el contraste y la legibilidad del texto. Se fotografiaban y se incorporaban a la película. La introducción del color y el sonido en el cine no supuso una gran revolución en los títulos de crédito. Fue más determinante la aplicación de técnicas que se estaban utilizando para la Publicidad y el Diseño Gráfico.

Fue precisamente un diseñador gráfico el que revolucionó todos los conceptos visuales que hasta entonces se habían aplicado en el cine. Saul Bass cambió la estética del séptimo arte presentando un diseño conceptual y simbólico de una gran fuerza semántica y metafórica que plasmaba a la perfección el espíritu del largometraje. Bass rechaza categóricamente la idea de una creatividad gráfica fruto de una inspiración casi mágica. El proceso creativo es un camino que puede hacerse largo y duro, pero que siempre conduce a una buena idea. Ante el desconocimiento del proceso, los jóvenes diseñadores y estudiantes ven productos ya finalizados de los que quedan maravillados sin conocer su construcción. Considera que esto les puede llevar a “tener la ilusión de que estas cosas realmente surgen espontáneamente de la cabeza de algún diseñador”. El tortuoso camino hacia un gran concepto creativo es igual tanto para los diseñadores experimentados como los primerizos, la única diferencia es que los primeros “tienen menos ansiedad frente al proceso porque sabe que finalmente llegará a donde apunta”.
El director Otto Preminger se contactó con él para que realizara el cartel de su película “El hombre del brazo de oro” (1955). Quedó tan encantado con la propuesta de un brazo negro, simple pero con un gran poder visual, construido mediante líneas quebradas, que le encargó también los títulos de crédito y el diseño de todo el material promocional, basándose en esa metáfora visual que reflejaba de forma inteligente la adicción a la heroína y la personalidad tormentosa del protagonista interpretado por Frank Sinatra.



Las décadas de los 50 y 60 estuvieron copadas en este apartado por Saul Bass, pero hubo otro diseñador que no es muy conocido, pero que dejó grabada en nuestra retina una breve escena que forma parte de nuestra cultura cinematográfica: la apertura de las películas de James Bond, convertida en la seña de identidad del agente 007, en la que el espía británico más famoso dispara a quien le está siguiendo a través de la mira telescópica de un arma y la pantalla se tiñe de sangre. El autor es Maurice Binder que diseñó catorce secuencias de títulos cargadas de psicodelia y sensualidad.
De esta época dorada quedan también para el recuerdo los fabulosos créditos realizados por De Patie y Freleng para “La pantera rosa” (1963) en la que la tipografía se mueve y actúa como un personaje más al son de la genial música de Henry Mancini. Se trata de una secuencia inicial de animación más larga de lo habitual (tres minutos y medio), pero que se hace amena por el humor con el que está realizada. El famoso diamante en cuyo interior se encuentra una imagen de un felino saltando aparece literalmente personificado en una graciosa pantera de color rosa animada. Su éxito fue tal que estos títulos de crédito fueron la base para la creación de una de las series televisivas más exitosas de dibujos animados.

En la década de los 70 la tecnología informática llega al cine permitiendo crear los primeros efectos especiales por ordenador. Dan Perri, que realizó uno de los inicios más recordados en “La guerra de las galaxias” (1977), y Robert y Richard Greenberg, que diseñaron la apertura y los títulos de “Superman” (1978), fueron los primeros en usar la tecnología más innovadora de la época. A pesar de las facilidades que ofrecían estos nuevos recursos, los títulos de crédito de esta década y la de los 80 no tenían una calidad conceptual tan brillante como en los años anteriores.

Se vuelve a recobrar el interés y la calidad de los títulos de crédito en los años 90 de la mano de Kyle Cooper con la genial secuencia de apertura de “Seven” (1997), dirigida por David Fincher, en la que se intuye la personalidad del asesino sin ser mostrado directamente. Sólo con inquietantes planos detalle y una tipografía manual realizada a base de trazos nerviosos y superpuestos. En los dos primeros minutos del film se puede ver como un personaje, que intuimos que es el maniaco que comete los asesinatos siguiendo los siete pecados capitales, va construyendo un macabro cuaderno con una caligrafía obsesiva e imágenes escalofriantes que recorta y pega formando una diabólica documentación de los horrores humanos. La tipografía vibra, se mueve nerviosa y cambia de iluminación compulsivamente. Esta película dejó cautivado a los espectadores desde el primer segundo.

Los títulos de crédito son pequeñas piezas audiovisuales que contienen un marcado carácter persuasivo y, a la vez, creativo. Debido a la vital importancia que tienen los primeros instantes de una película en el ánimo del espectador, la secuencia de títulos requiere de una planificación y un proceso en el que interviene un equipo multidisciplinar comandado por un diseñador gráfico profesional y supervisado desde el primer momento por el director del film. Un comienzo original y creativo logra meterse al público en el bolsillo, crear un estado de disposición favorable hacia la película.

Y la proxima vez que vayan al cine lleguen puntuales al cine fíjense bien en los títulos de crédito. No se levanten de sus butacas hasta que cierren las cortinas de la pantalla.

Articulo escrito por Roberto Gamonal Arroyo
Articulo completo para descargar en formato pdf aqui

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